jueves, 21 de febrero de 2008

Que de algo me sirva!

Dias como estos creo que comienzan a ser comunes en mi vida. Días en los que ni yo misma me suelo soportar. Mi trabajo no avanza, no me da la gana de sentarme a trabajar. Encuentro siempre algo mejor que hacer... como escribir en este blog.
Estoy totalemente incomoda con mi vida, con muchos vacíos. Ay! cómo me hacen falta los amigos, mi familia cercana. Todos están lejos y eso duele tanto algunas veces. Ahora pienso que pronto será el fin de semana y que practicamente viviré con la monotónia de cualquier día de semana.
Me pregunto cuándo este blog cambiará de color, cuándo seré la persona optimista y positiva que la mayor parte de gente reconoce en mí.
Esperemos que a partir de mañana las cosas mejoren, porque me harta sentirme en este estado de catalepcia en donde roboticamente me siento frente a la compu y no produzco absolutamente nada.

jueves, 24 de enero de 2008

Y no lo supero...

Pasa el tiempo, pasan los días y sigo con la misma obsesiva idea y tristeza. ¿Hasta cuando?
Sigo con iras de la organización del mundo. La odio a ella sobre todas las cosas... por destabilizarme tanto, por hacerme sentir tan incómoda, por no dejarme espacio, por recordarme tanto algo que de por sí es díficil olvidar.
Me pregunto si alguna vez encontraré el sentimiento de justicia que tanta falta me hace ahora. Porque por lo pronto me siento mal, impotente. Con odio en el cuerpo. Me convierto en lo que nunca quice. Y no logro alejarme. Ay! Dios... ¿qué hacer? Ya ni sé a quién le puedo contar mi historia. Es una cantaleta con la que no quiero molestar a nadie. No quiero ser así, quiero ser la valiente Paula de siempre, la fuerte, la racional. Y ahora soy una bola de ira, de odio, de dolor. No quiero encontrar la lógica a esto, no quiero encontrar justifacaciones, solo quiero que pase.
Cuento contigo, contigo Paula Siempre para salir adelante.

martes, 22 de enero de 2008

Seguir trabajando...


Tengo muchas responsabilidades. Una muy importante, la de mi trabajo. Hago ilustraciones para cuentos. Trabajo en casa y siempre es una tortura tener que organizar mi tiempo. Y más que nada es una tortura no poder salir y ver al mundo todos los días. Siempre estoy en casa.
En este momento, por ejemplo en lugar de escribir sobre lo que me aqueja y atormenta, debería estar pintando. ¿Y por qué no lo hago? Quizás porque quiero seguir el compromiso de continuar esta historia. A veces no sé por qué escribo, quizás para darle coherencia a esta existencia.
Me digo que a lo mejor no tengo suficiente pasión por lo que hago. No sé si sea eso. Desearía tanto que mi vida fuera distinta. Trabajo por eso en este momento. Ojalá resulte, que así no me aguanto. Quiero tanto darle sentido a mis días...
Ojalá se produzca un milagro. Ahora sí lo vivo como un milagro.

lunes, 21 de enero de 2008

Viendo al frente

La dificultad de superar mi pérdida está en el hecho de sentir que mi cuñada espera un bebé. Muy incómodo. Jamás ella se interesa por mí, o por saber que siento. No dice nada so pretexto de querer protegerme. ¿Porqué me da ese rol de víctima? La que se quiere proteger es ella misma de una metedura de pata. El problema es que la metedura de pata es justamente hacer como que nada hubise pasado. Y me ignora. Me tiene miedo. Me siento mal. Si llama a la casa no pregunta por mi, ni siquiera me manda saludos. El día de mis 30 años, llamó y ni se acordó de decir algo.
Además vivo un sentimiento de alienación, porque ella siempre imita nuestra forma de ser. Odio la gente que no logra ser original.
Además me molesta el no poder vivir plenamente mi tristeza. Todos se ocupan de ella ahora. El embarazo, me di cuenta, es un momento en el que todo el mundo te mira, al menos así se siente una. Además, al vivir una relación muy larga con mi hombre, todo mi entorno buscaba la hora en que algo así fuera anunciado. Yo como hija mayor estaba esperaba el día en que al fin podría anunciar esto a la familia... sin embargo, viene la hermana menor que repite como típica mimada: "yo también". Eso me desespera. Ya sé, esto parece el diario íntimo de una niña de 15 años... pero es realmente lo que siento.


Y ahora cómo hacer ponerle punto final a esta historia si siempre habrá une especie de vacío? De incomodidad? Porqué fueron tan idiotas de hacer un hijo tan cerca de nuestro momento de manera a que ni su dicha ni mi tristeza pueden ser bien vividas?

Lo supero. Encontré una piedrita en el río. Esa piedrita es mi hijo. La tengo conmigo, nunca se irá. Eso me ayuda tanto a ver al frente.... y es que antes era tan inmaterial. Cuando me lo sacaron no lo pude ver... y desapareció quién sabe dónde. Cómo hacer el duelo de algo que no pude ver... de ilusiones nada más. Mi piedrita representa eso. Ahora la toco cada que quiero. Mi piedrita que evita que mi historia se vuele con el viento.

miércoles, 16 de enero de 2008

Comienzo el cuento

Con grandes ganas de avanzar y dejar constancia, inicio esta aventura... Dejar constancia porque quiero que mi cuento sea pasado y que ya no me lastime tanto. Quiero reconciliarme.
¿Qué me lleva a comenzar todo esto? Pues el siemple hecho de que no me lo puedo guardar, y que quizás escribiendo logre al fin, comprendr. No quiero seguir diciéndome "nadie me entiende"... y punto. A lo mejor muchos me entienden, pero a mi no me satisface sus respuestas porque no puden devolverme lo que la vida me quitó.

¿Qué pasó? Algo que es banal y excepcional al mismo tiempo. Aborté. Y abortar es un tema tan secreto, uno de los más grandes, por no decir uno de los pocos tabus de nuestro mundo en estos días.

Comienzo el cuento:
Tengo 30 años. Vivo con el mejor hombre del planeta a mi lado, y al fin, luego de muchos años de estar juntos, decidimos hacer un hijo. La idea es abstracta... y también las ganas. El deseo de maternidad es extraño. Deseamos algo que ni siquiera podemos imaginar. Algo que sale del interior o que viene del exterior (cuántas veces vi ojitos de ¿y para cuándo el nieto?).

Llegó el día: estoy embarzada, no lo puedo creer. La Naturaleza funciona muy bien. Sin mucho esfuerzo ni espera la semilla comenzó a germinar.
Sin embargo, 3 meses después, ya no había vida en mi interior, sino todo lo contrario, una semillita estéril que no tenía ganas de salir de mí. Y de pronto a cambiar de idea. Comencé a desear que lo que tanto guardaba saliera de mí. Desde que supe del embarazo le repetía a ese ser que no se caiga, que se sostenga... y tres meses después, tuve que repetirme lo contrario con el mismo fervor. Y al final no salió: lo sacaron. Primera vez en mi vida que ponía mis pies en una sala de operaciones.

Y bueno, comienzo a relativizar el asunto, consolar a mi entorno... y olvidar. Pasar a otras cosas. Pero no lo logro tan facilmente porque lastimosamente (la voz de la conciencia me dice que no debería decir "lastimosamente"... pero es la palabra que viene) la hermana de mi hombre está embarazada también. Un mes y medio luego de mi "feliz" noticia, ella nos anuncia la suya. ¿Y ahora qué hacer para enterrar este sentimiento si cada vez que la veo imagino que así tendría que estar yo también?